9 abr 2014

Paranoias

O outro día iba camiñando pola rúa, era noite pechada, e admítoo, sou unha persoa medorenta e empecei a tremer. Estaba chegando ao supermercado, cando, de súpeto, sentín un ruído, coma unha porta pechada moi rápido dun golpe, sentín moito medo e un calafrío subiume pola barriga arriba, seguín camiñando, cada vez máis rápido, cruzóuseme un gato negro, e como sou algo supersticiosa, din tres pasos atrás. Estaba todo baleiro e so vianse as luces das farolas que alumbraban un pouco a rúa. Empecei a talexar. Cando cheguei ao meu portal, vin como salía alguén e provocoume tal susto que deume un esvaecemento e caín ao chan. Menos mal que era o meu pai e colleume en brazos.

Clara

De pequeña, Clara, mientras dormía, hubo un hurto en su casa, y le robaron la hucha. Tuvo que ser un hombre muy holgazán, en vez de llevarse solo lo que había dentro. Era totalmente hermética y muy difícil de abrir, por eso se la ha llevado entera.
Cuando Clara se despertó, fue a mirar el horizonte, ya que tiene unas vistas preciosas desde su casa, y muy holgadas. Son hipnotizantes, me pasaría allí el día observando. Se sentía triste y con miedo, por aquel hombre tan deshonesto que había entrado en su casa. Vio por la ventana una hoguera, y un señor tan perezoso, que aún dormía y eran las 12, era mendigo. Pasó por allí y se encontró la hucha, sin dinero, ella se asustó pero a la vez le dio pena, fue hospitalaria y le dejó comida y una notita que decía: "En el hipotético caso de que fuera al revés, me gustaría que usted hiciese lo mismo. Pero sin haber perdido su hucha".
La madre se enteró de todo y se alegró mucho de que su hija no sea una hipócrita y demuestre sus sentimientos tal y como lo hizo con la nota.

Agitación inesperada

El jefe de el concurso de ajedrez ha hecho un gemido un tanto raro mientras jugaba, había visto por la rejilla de la puerta al gerente de un gimnasio del barrio enfermo de faringitis, lo invitó a entrar y a darle algo para mejorar, el gerente se sintió elogiado y se puso a jugar al ajedrez con una mujer en estado de gestación, maquillada y muy guapa, que provocó su agitación. También un viajante, que resultó ser su marido y no se ofendió, les contó que era jinete, pero tenía un acento un poco raro, y parecía que hablaba otro lenguaje.

Picadura accidental

El árbitro después de trabajar, llega a casa y pide albahaca a domicilio para condimentar la pizza que va a comer. Ya estaba saliendo el alba, mientras el repartidor de albahaca yendo en su moto campo a través se encuentra con un camino con bastante relieve en el que le cae el encargo y lo recoge, pero no se da cuenta de que lleva una abeja dentro. Al fin acaba llegando a su destino, la casa del árbitro. Cuando llega, él firma el albarán, pero al abrirlo encuentra la abeja dentro, le pica y le cae todo el bello de la cara, porque es alérgico a ellas. Coge el teléfono y llama a la tienda montándoles un alboroto, entonces el chico vuelve y le regala un jabón.

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