Os seguintes cuestionarios foron elaborados polo alumnado:
13 jun 2014
3 jun 2014
Texto reflexivo.
Seguirán pasando los años y seguiremos siendo los mismos. Con nuestros contratiempos, con nuestras fuertes inseguridades que nos rodean y nos penetran en nuestro interior y nos ahogan como cuando te sientes paralizada por el ataque de una serpiente. Con nuestros miedo a perder, a hacerlo mal, a que pase lo peor...
Con nuestra negatividad, aquella que nos persigue desde el momento que algo nos marca tan fuerte que nos hace cambiar todos los aspectos y actitudes de nosotros mismos. Los aumentos repetitivos de los latidos del corazón cuando algo nos afecta, cuando algo le duele a nuestros corazones.
Y luego están esos días que valoras la vida, ese 100% de felicidad que una persona como yo alcanza con detalles como palabras, gestos, o un simple abrazo. Esas "tonterías" que el 99% del mundo no saben valorar como realmente se tendrían que valorar.
Mucha gente nos trataran como locos por nuestras quebraduras de cabeza que nosotros mismos producimos, otra gente no comprenderá ni una sola palabra o lo tomará de manera distinta a la que nosotros queremos transmitirla, y otro tanto llorará y comprenderá porque somos así, porque nuestra mente madura antes de tiempo, porque todos aquellos problemas del pasado nos han hecho ser así, y nos aplaudirán por sonreír tan solo un día, por intentar afrontar algún problemilla que alomejor hace 7 años ni siquiera nos plantearíamos solucionarlo, solo por el simple hecho de decir: "no puedo hacerlo".
Pero para eso, todos absolutamente todos necesitamos ayuda de alguien, alguien que no se mueva de nuestro lado cuando lloremos, alguien que nos abrace y nos acaricie cuando esas pulsaciones se disparen, alguien que intente comprender porque nos sentimos así.
Es difícil lo sé, pero todo se puede intentar.
Luchadora
Era un miércoles de Octubre de 2012 en la comarca de Ferrolterra. Carla, a sus 42 años, prepara la comida a sus tres hijos: Gabriel (de 10 años) Marta (de 12) y Xiana (de 8).
Su novio Quique hoy come fuera de casa, doblaba turno en el taller.
Carla es licenciada en Biología pero está en paro, llevaba cuatro meses sin cobrar y la empresa quebró hace seis. Viven del sueldo de Quique.
Carla llama para comer a sus hijos, que, mientras se sientan a la mesa miran la comida...tienen hambre y están hartos de comer sopas y pasta, aunque no lo dicen.
Marta y Gabriel son conscientes de la situación económica que viven, pero Xiana la pequeña, no puede evitar protestar y pregunta: ¿Otra vez pasta?
Marta le ordena que se calle y siga comiendo, que millones de niños de África darían su vida por un plato de macarrones cocidos como los que ella tiene en el plato.
Así de parecidos son los días de Carla, felíz y sonriente pero viviendo la crisis, sobreviviendola.
El sueldo de su novio sólo le llega para pagar facturas, alquiler y un poco de comida.
El resto de alimentos los va a recoger a Cáritas, le da un poco de vergüenza pero es lo único que puede hacer de momento.
Siempre procura ir a primera hora de la mañana y está pendiente de si alguien conocido la ve, siempre procura ir un poco tapada.
A ella poco le importa...pero no quiere que en el colegio les digan a sus hijos que han visto a su madre en la cola de reparto de comida, los niños a esas edades son muy crueles.
Aun así, ella hace lo que sea con tal de que sus hijos tengan algo que llevarse a la boca.
A veces se derrumba y se hecha a llorar, es inevitable...Marta la comprende y la apoya, y Gabriel, lo mismo. Están madurando un montón estos últimos años.
Quique también es un gran apoyo para ella, la abraza y le hace reír, le hace feliz tanto como puede y se merece.
Y en ese instante lo sabes: todos nosotros somos héroes en algún momento de nuestras vidas sin tener consciencia de ello. Para ellos Carla es una heroína, y para mí, también.
Texto con palabras del ejercicio del libro.
Aquella noche mi rival estaba lleno de rabia quería ganar el combate si o si. Yo había sacado provecho de mis entrenamientos, tenía un entrenador nuevo y hacía muy bien su labor. Hice mis preparamientos de siempre antes del combate, mi ducha caliente rodeado de vapor y mucho jabón para relajarme. Llegó la hora tuve que salir al ring y lo vi a él, lleno de vello corporal y varias picaduras de abeja, pues ademas trabajaba con dichos animales. Parecía débil pero con esa rabia me destrozo y perdí el combate.
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