La resistencia de los insectos herbívoros ante el insecticida obliga a adoptar soluciones más contundentes. Una investigación reciente indica que una proteína del veneno de una araña puede servir como bioinsecticida para aniquilar a ciertos insectos que son una plaga preocupante en muchos campos de algodón.
La proteína, denominada OAIP-1, resultó muy tóxica para los insectos que la consumieron, similar a la del insecticida sintético imidacloprid.
Otros insectos culpables de graves pérdidas en las cosechas reducen éstas en un porcentaje de entre el 10 y el 14 por ciento cada año, y dañan entre el 9 y el 20 por ciento de los alimentos almacenados que derivan de estos cultivos. Además, algunas especies de estos insectos se han vuelto resistentes a los insecticidas disponibles en el mercado.
Entre otras opciones, esta sería la de agregar dichos genes a los microbios, presentes en campos agrícolas, que atacan específicamente a esos insectos herbívoros.
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